La República Dominicana continúa destacándose como uno de los destinos más competitivos de inversión extranjera directa (IED) en América Latina, manteniendo un crecimiento sostenido incluso en medio de un entorno internacional marcado por guerras comerciales, inflación persistente y reconfiguración de las cadenas de suministro. Según el World Investment Report 2025 de la UNCTAD, mientras la IED mundial cayó 11% en 2024 y América Latina retrocedió 12%, el país caribeño logró un aumento de 3%, alcanzando US$4,523 millones y cubriendo holgadamente su déficit de cuenta corriente.
El Banco Central de la República Dominicana (BCRD) destaca que la IED acumulada entre enero y septiembre de 2025 ronda los US$4,000 millones y proyecta cerrar el año con US$4,800 millones, equivalente a un crecimiento de 6.2%. Este desempeño ubica al país entre los más resilientes de la región y refleja la confianza de los inversionistas en sus fundamentos macroeconómicos, la estabilidad política, la seguridad jurídica y un clima de negocios competitivo.
Tres sectores concentraron más del 70% de la inversión en 2024: turismo (28.4%), energía (25.2%) e inmobiliario (con un notable crecimiento de 28.5%). La llegada de más de 11 millones de visitantes —récord histórico— y el auge de proyectos renovables impulsaron estos resultados. En cuanto al origen de los recursos, Estados Unidos y España aportaron el 51% del total, evidenciando vínculos estratégicos sólidos pero también la necesidad de diversificar mercados para reducir riesgos.
El fenómeno del nearshoring ha abierto oportunidades clave para el país. Su ubicación privilegiada, infraestructura logística avanzada, régimen robusto de zonas francas y acceso preferencial a mercados internacionales lo posicionan como un destino ideal para industrias como semiconductores, dispositivos médicos y minería de tierras raras. Sin embargo, la competencia regional —especialmente con México y Costa Rica— obliga a fortalecer aún más la propuesta de valor dominicana.
El BCRD subraya que el próximo gran paso es evolucionar hacia una IED de mayor calidad: inversiones con mayor contenido tecnológico, empleos de alto valor agregado y encadenamientos productivos más profundos. En ese sentido, el aftercare —el acompañamiento a empresas extranjeras ya instaladas— se convierte en una herramienta estratégica para estimular reinversiones, mejorar la productividad e integrar proveedores locales.
El análisis concluye que, aunque la República Dominicana ha demostrado resiliencia ante la incertidumbre global, su desafío es transformar este flujo sostenido de capital en una plataforma de desarrollo inclusivo y sostenible. Con una visión de largo plazo, políticas públicas activas y la consolidación del país como hub logístico regional, la economía dominicana podría dar un salto significativo en productividad, diversificación y competitividad internacional.





