Por Pedro Páramo
La estrategia del gobierno ha sido la gradualidad. Mientras que países como Chile han optado por un traspaso inmediato del precio internacional al consumidor, República Dominicana ha mantenido el aumento promedio de combustibles en un 12%, uno de los más bajos de la región.
Santo Domingo – En el austero lenguaje de la banca multilateral, se le denomina un "choque de oferta clásico". Para el dominicano de a pie, es el fantasma del galón de gasolina superando umbrales psicológicos y el temor a que la canasta básica siga el mismo rumbo ascendente.
En un reciente encuentro industrial con la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), el Ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz, presentó una radiografía cruda pero pragmática de la economía dominicana frente a la volatilidad del petróleo, que este año ha oscilado violentamente entre los 57 y los 110 dólares por barril.
La tesis central de Díaz evocó las palabras del economista Thomas Sowell: "En economía no hay soluciones, solo dilemas". El gobierno dominicano se encuentra actualmente navegando una ruta estrecha para equilibrar tres variables que, en la coyuntura actual, suelen ser excluyentes: crecimiento económico, control de inflación y estabilidad fiscal.
A diferencia de naciones desarrolladas, la República Dominicana es un importador neto que consume en petróleo y derivados cerca del 4% al 5% de su PIB. Esta vulnerabilidad se ve agravada por la ausencia de un "grado de inversión" por parte de las principales calificadoras, lo que encarece el financiamiento externo en un momento de tasas de interés al alza a nivel global.
El fantasma de 2008: Lecciones aprendidas
Uno de los puntos más agudos de la exposición de Díaz fue la comparación técnica entre la respuesta actual y la crisis financiera de 2008. Aunque ambos periodos compartieron precios de crudo por encima de los 100 dólares, el Ministro subrayó una diferencia fundamental en la arquitectura de la respuesta dominicana.
En 2008, la inflación se disparó por encima del 10% durante varios meses, un fenómeno que el actual gabinete busca evitar a toda costa. "La diferencia hoy es la velocidad y la escala de la intervención", sugirió el funcionario. Mientras que en crisis pasadas el ajuste fue errático, la administración actual ha optado por una política de anclaje de expectativas.
Díaz argumentó que, si bien el déficit fiscal es una preocupación, permitir que el choque petrolero se traslade íntegramente a los precios internos causaría un daño estructural mayor: una caída en el consumo privado que paralizaría el PIB. En 2008, el país tardó más en recuperar su senda de crecimiento; hoy, la apuesta es usar el balance del sector público como amortiguador para que el sector privado —representado en la AIRD— no pierda tracción.
El costo de la "sensibilidad social"
La estrategia del gobierno ha sido la gradualidad. Mientras que países como Chile han optado por un traspaso inmediato del precio internacional al consumidor, República Dominicana ha mantenido el aumento promedio de combustibles en un 12%, uno de los más bajos de la región.
Sin embargo, este colchón social no es gratuito. Díaz reveló cifras que harían palidecer a cualquier tecnócrata fiscal: el Estado sigue subsidiando más de 60 pesos por galón de gasolina y hasta 80 pesos por galón de gasoil. El costo de esta medida es masivo:
• Subsidio semanal: Aproximadamente 1,500 millones de pesos en promedio.
• Impacto anual estimado: Si el crudo se mantiene en torno a los 95 dólares, el subsidio podría alcanzar los 40,000 o 50,000 millones de pesos este año.
• Escenario crítico: De superar los 100 dólares por barril de forma sostenida, la factura podría escalar hasta los 70,000 millones de pesos.
Resiliencia y la hoja de ruta fiscal
A pesar del nubarrón energético, los fundamentos muestran una resiliencia notable. Mientras el FMI proyecta un crecimiento del 2.3% para América Latina, se espera que la República Dominicana alcance un 3.7%, casi el doble del promedio regional.
El mensaje final para los industriales fue claro: las calificadoras de riesgo no juzgarán al país meramente por un desvío en las metas de déficit, sino por su "racionalidad política". El enfoque incluye:
- Focalización: Migrar de subsidios generalizados a ayudas específicas (transporte, fertilizantes y canasta básica).
- Control Tributario: Maximizar recaudaciones mediante eficiencia para no depender exclusivamente de nueva deuda.
- Inversión Pública: Mantener, o incluso aumentar, el gasto de capital para asegurar que la infraestructura del país no se deteriore, un error común en las crisis de la década pasada.
- En conclusión, la República Dominicana apuesta por un "arte del balance": absorber parte del golpe externo mediante el déficit fiscal, pero traspasando gradualmente los costos para asegurar que el motor del crecimiento no se detenga. El éxito de Magín Díaz dependerá de que los mercados internacionales sigan comprando la tesis de que este desvío fiscal es, efectivamente, una inversión en paz social y estabilidad a largo plazo.





