Por Pedro Páramo
Santo Domingo, República.- La economía dominicana llega a la segunda semana de mayo con señales mixtas que exigen lectura cuidadosa. El optimismo oficial tiene respaldo estadístico, pero los choques externos le están poniendo precio a esa resiliencia.
El Banco Central informó que la economía registró una expansión de 4.1 % en el primer trimestre de 2026, comparado con el mismo período del año anterior. El motor más visible fue la manufactura de zonas francas, que en marzo alcanzó un nivel récord de exportaciones valuado en 841.2 millones de dólares, para un alza interanual de 8.0 %. Ese dato no es menor: en un contexto donde el comercio global se contrae, que las zonas francas amplíen mercados habla de competitividad estructural, no de circunstancia favorable.
La inversión extranjera directa acompaña ese ritmo. En el primer trimestre, la IED alcanzó los 1,536.7 millones de dólares, con el sector de zonas francas captando 117 millones de ese total. Los números son alentadores, aunque la pregunta que persiste es si esa confianza inversora se sostiene si el escenario energético y geopolítico continúa deteriorándose.
El dólar, bajo control relativo
Este lunes 11 de mayo el Banco Central fijó la tasa de cambio en RD$58.83 por dólar para la compra y RD$59.67 para la venta. La banda cambiaria se mantiene dentro de parámetros manejables, con una apreciación notable frente a los RD$63 que se registraban a inicios de enero. El peso dominicano ha ganado terreno frente al dólar desde comienzos de año: en enero la tasa rondaba los RD$63, bajó a RD$62.7 en febrero, descendió a RD$59 durante marzo, y se ha mantenido en ese rango en mayo.
Esta tendencia apreciadora tiene doble lectura: favorece a importadores y abarata la factura petrolera en pesos, pero puede presionar la competitividad exportadora y reducir el valor en moneda local de las remesas. Para una economía que depende de ambos flujos, el equilibrio cambiario no es un logro pasivo, es una gestión activa.
El petróleo: el riesgo que no cede
El factor de mayor tensión en la coyuntura económica dominicana sigue siendo externo. El ministro de Hacienda, Magín Díaz, ha señalado que cada aumento sostenido de diez dólares por barril implica aproximadamente 763 millones de dólares adicionales en la factura petrolera anual del país. Y el contexto no alivia: Díaz advirtió ante la Asociación de Industrias que el mundo atraviesa “la mayor disrupción en la historia del mercado petrolero”, con el precio del crudo WTI acumulando un incremento cercano al 80 % entre enero y abril.
El conflicto en Medio Oriente ha sido el detonante. La confrontación bélica derivada de ataques estadounidenses e israelíes sobre territorio iraní, y la respuesta de Irán hacia países productores vecinos, se tradujo en alzas inmediatas del crudo y del gas natural. El petróleo de Texas, referencia para República Dominicana, llegó a subir 6.28 % en una sola sesión, hasta los 71.23 dólares el barril.
El economista Haivanjoe NG Cortiñas advirtió que la factura petrolera dominicana supera los 5,000 millones de dólares anuales, y que un aumento de 25 dólares por barril podría representar entre 1,600 y 1,700 millones de dólares de impacto adicional en la balanza comercial. Es una cifra que no admite eufemismos.
Frente a eso, el gobierno ha respondido con contención fiscal y subsidios. La estrategia oficial se apoya en reservas internacionales superiores a 16,000 millones de dólares, estabilidad cambiaria y una política de austeridad orientada a proteger a los más vulnerables. El ministro Díaz subrayó que la diversificación de la matriz energética debería amortiguar el impacto respecto a crisis anteriores. Ese argumento es técnicamente válido, pero políticamente demanda demostración, no solo declaración.
Las recaudaciones: un flanco sólido
Donde el gobierno sí muestra músculo es en la tributación. La DGII recaudó RD$244,956 millones en el primer trimestre de 2026, un crecimiento interanual de 12.2 % frente al mismo período de 2025. En marzo, la DGII aportó el 76.3 % de los ingresos totales del Estado, con un cumplimiento de 104.5 % respecto a la meta presupuestaria. El ITBIS lideró el dinamismo, reflejando consumo activo a pesar de la incertidumbre.
Eso importa porque, en un año de presión energética, la fortaleza recaudatoria es el colchón que permite absorber subsidios sin comprometer la estabilidad fiscal. La pregunta es hasta cuándo ese colchón aguanta si el petróleo no cede.
Política monetaria: pausa estratégica
El Banco Central mantuvo su tasa de interés de política monetaria en 5.25 % anual para marzo de 2026, justificando la pausa en la incertidumbre global derivada de cambios en la política comercial de Estados Unidos y las tensiones geopolíticas, además de las presiones inflacionarias por choques de oferta en alimentos.
La decisión es prudente, pero revela el dilema clásico de la banca central en economías emergentes: si baja tasas para estimular el crédito y el consumo, arrisca inflación en un entorno de precios externos al alza; si las mantiene, frena el crédito en un momento donde la economía necesita consolidar su rebote.
El contexto regional: ventaja comparativa, no inmunidad
El dato estructural que distingue a República Dominicana sigue siendo su trayectoria. El FMI y el Banco Mundial proyectan un crecimiento del PIB de 4.5 % para 2026, lo que colocaría al país como líder regional, superando a Panamá (4.1 %), Argentina (4.0 %) y el promedio centroamericano (3.6 %). Desde 1972 hasta 2022, la economía creció a una tasa anual promedio del 4.9 %, la más alta de América Latina.
Esa historia da margen de maniobra. Pero no es escudo. En 2025 el crecimiento fue de apenas 2.1 %, una de las cifras más bajas fuera de la pandemia, afectado por condiciones financieras más estrictas, bajo dinamismo del crédito y una moderación del turismo vinculada al encarecimiento de los viajeros estadounidenses. El rebote de 2026 tiene sustento real, pero también tiene vulnerabilidades conocidas.
La economía dominicana no está en crisis, pero sí está bajo prueba. El crecimiento del primer trimestre, la solidez cambiaria y la disciplina tributaria dibujan un cuadro de resiliencia institucional. Lo que los números no revelan solos es el costo social acumulado de sostener subsidios en un entorno de petróleo caro, ni la presión que ejercen los precios de alimentos sobre los hogares de menor ingreso.
El reto del gobierno no es solo defender las cifras macro, que por ahora se defienden bien. Es que esas cifras tengan correlato perceptible en el bolsillo de los dominicanos comunes, antes de que la distancia entre los indicadores y la experiencia cotidiana se convierta en problema político.





